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IDENTIFICACIÓN OBLIGATORIA COMO REQUISITO DE LA UNIÓN EUROPEA
La UE en un documento de 9 páginas deja claro que por múltiples razones «Considera esencial que los animales de compañía sean dotados de un microchip por parte de un veterinario y registrados en un fichero nacional de identificación y registro de animales con el fin de garantizar su trazabilidad efectiva». 
Sabemos que identificar es proteger y Europa en una resolución de febrero del año pasado -pocos días antes del estallido de la Pandemia- nos obliga a que identifiquemos y por tanto protejamos. Los datos de abandono son apabullantes y se ha acabado el periodo de indulgencia, máxime tras la ratificación del Convenio de Protección de Animales de Compañía de Estrasburgo.
Identificar nos parece caro y una fuente extra de preocupaciones, tal vez por eso hay un porcentaje tan bajo de gatos comunitarios con microchip, pero eso debe cambiar. Muchas personas, entidades e incluso instituciones perpetúan el bulo de que la identificación de los gatos callejeros puede implicar una responsabilidad civil añadida en caso de accidente. A pesar de mantenernos alerta sobre la cuestión, hemos sido incapaces de localizar un sólo caso en que un gato haya sido protagonista de un siniestro y mucho menos de que del mismo se hayan derivado responsabilidades civiles o penales y por tanto penas y/o indemnizaciones. Existen acuerdos de titularidad que permiten a los ayuntamientos cumplir sus responsabilidades en relación a la seguridad en la vía pública, la protección de los animales y los convenios con las entidades de protección animal y gestión de colonias. Hay cada vez más municipios cuyos gatos están protegidos con la marca en la oreja que limita su recaptura o apropiación y con un chip que les ampara a ellos, a sus cuidadoras, a su comunidad y a la administración responsable.
Todas somos conscientes del esfuerzo que significa tener dinero suficiente para aplicar el CER como parte de la gestión ética. Los apuros económicos nos estrangulan y solemos hacer milagros recaudando fondos siempre insuficientes. No podemos dejar de mencionar a profesionales de la veterinaria que aportan cierto alivio realizando cirugías de calidad (mínimamente invasivas y si hace falta, tempranas) a precios ajustados a la realidad de las colonias. Aún son pocos, aunque crecientes los municipios que en un ejercicio de buena gestión invierten en el manejo ético de la población felina e incluyen dentro del presupuesto de la aplicación del CER la identificación mediante transponedor electrónico.
Gracias al chip:
  • Identificamos a cada individuo como miembro de una comunidad controlada. Mejoramos las estrategias de seguimiento y atención sanitaria y de gestión.
  • Evitamos confusiones, incertidumbre y fraude.
  • Limitamos la posibilidad de comercio, extravío, apropiación indebida e indefensión frente agresiones o muerte.
  • Nos ajustamos a las propuestas legislativas más proteccionistas y cumplimos con los requisitos del marco común europeo.

Enlace al texto, pdf, de la UE

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