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foto: Balaguefoto.com

Blanca Muñoz

Gestora de colonias felinas y voluntaria alimentadora

2022

Como respuesta al Anteproyecto de Ley de Protección, Derechos y Bienestar Animal, aprobado en Madrid a inicios de 2022, un grupo de científicos españoles replicó con un artículo en la revista Conservation Science and Practice. Su contenido ha levantado merecida controversia, ya que los académicos defienden textualmente que: “el objetivo de las leyes ambientales debe ser la desaparición de los gatos” (…) Apoyan esta aseveración con el argumento de que “es fundamental concienciar a la sociedad sobre los efectos perjudiciales que los gatos ejercen sobre la biodiversidad y la salud pública”.

Hay que señalar que el citado anteproyecto se ocupó con énfasis de la regularización de la gestión ética de las colonias felinas, con el objetivo de que el CER (siglas de Captura/Esterilización/Retorno, protocolo internacional de control de natalidad) pase a ser una herramienta de cumplimiento por parte de las Administraciones para la disminución ética de los gatos que viven en las colonias compartiendo territorio con el ser humano.

Precisamente para favorecer una convivencia sana entre felinos y humanos en entornos urbanizados, personas voluntarias y diversas asociaciones constituidas al efecto comenzaron ya hace casi dos décadas en nuestro país a ocuparse de gestionar colonias de gatos. Esta actuación, con la aplicación del CER como premisa fundamental, ha permitido atajar los problemas de higiene en las calles y las molestias vecinales ocasionadas por gatos hambrientos y desatendidos, o por ejemplares en celo.

La vilipendiada figura de alimentadores/as y gestores/as ha aportado su humilde contraparte en la limpieza de los entornos: los gatos correctamente alimentados no se han visto movidos por el apremio a hurgar en basureros y extender suciedad. Una vez saciados, han tenido menos necesidades depredatorias (para quienes les acusan de atacar la biodiversidad) y, lo más importante de todo, gracias al CER se ha conseguido un número de ejemplares fijo o menguante en los grupos; una estabilidad decreciente que sólo queda perturbada por la abominable práctica de los abandonos.

Dicho de otro modo, el voluntariado y las asociaciones han venido desempeñando de manera altruista y con recursos propios desde hace casi veinte años un trabajo que en un país del siglo XXI corresponde sin más dilación a las Administraciones.

El CER: MÁS EFICAZ Y MÁS BARATO

Aun así, el CER no convence a algunos sectores.

Los científicos autores del estudio remachan que el CER “sólo permite la reducción de la población cuando se aplica a altas tasas, durante largos períodos de tiempo y en contigüidad espacial, a costos muy altos y con efectos compensatorios que deben gestionarse simultáneamente”.

Estos partidarios de dar soluciones crueles o muerte a los gatos podrán argumentar que acabar con ellos es el método más rápido, pero no debe olvidarse que el exterminio, además de que también necesita recursos humanos y económicos,  comporta un factor de fracaso importante a medio plazo: el efecto vacío generado en un nicho ecológico susceptible, por sus recursos y condiciones, de admitir nuevos gatos, hará que en pocos años el lugar vuelva a poblarse de individuos con capacidad reproductora, (1) generando un nuevo ciclo de animales sin control reproductivo que traerán más camadas y repoblarán la zona en condiciones lamentables.

Existe literatura científica que avala la eficacia del CER cuando se aplica implementado, es decir, combinando perseverancia en el tiempo y la acotación espacial (2). Son estos parámetros los que el voluntariado y gestores debemos conocer para seguir mejorando la calidad y eficiencia del CER. En primer lugar, los objetivos del control de natalidad se consiguen mejor cuanto más se delimita la población sobre la que se practica (3). Como ejemplo: es preferible esterilizar a todo un grupo de 10 individuos que integran una sola colonia, que invertir ese esfuerzo en 10 gatos repartidos por colonias diferentes. En segundo lugar, hay que señalar que los CER aplicados durante periodos largos de años frenan el crecimiento de la población (4): en Florida, Estados Unidos, se documentó una disminución de un 85% de población felina a lo largo de 28 años. En períodos más cortos de tiempo, su aplicación persistente ha resultado igualmente exitosa: 9 años para reducir en un 78% de la población de gatos en Sydney.

Los voluntarios, preocupados por el complicado día a día de la gestión (alimentación, medicaciones, desparasitaciones, CER, rescates, gestión de abandonos…), acabamos a menudo agotados por el trabajo de campo y se nos olvida la importancia de recoger datos. Los datos anuales constituyen el mejor aval para demostrar la eficacia de nuestra tarea y quizá pueden convertirse en base para que los científicos comiencen a generar los primeros estudios sobre datos reales de colonias felinas en España. Los gestores y voluntarios tenemos que seguir esforzándonos en adquirir formación y en concienciarnos de la importancia de documentar lo que hacemos y cómo lo hacemos.

Cuando se destinen recursos públicos para ayudar al CER, se conseguirá mucha más rapidez en sus resultados. Y el dinero empleado será más rentable que si se destina al exterminio (ineficaz, ya se comentó más arriba, debido al “efecto vacío”). Y para agilizar aún más la disminución de población felina de manera sostenible, son deseables también campañas públicas de concienciación contra el abandono, o incluso sanciones. Valga en este sentido el ejemplo de Holanda, país que apostó por aprobar este paquete de medidas combinadas, cuyos resultados hablan, simplemente, en números: a día de hoy, cero gatos (y cero perros) en las calles.

SOY YO EL DEPREDADOR

Regresando al argumentario de los científicos partidarios del exterminio, cabe preguntarse por qué en su artículo colocaron a los gatos como un factor tan amenazante para la biodiversidad. Sin restar importancia a la actividad predatoria de estos cazadores natos, hay que dejar patente que en nuestro planeta existen desde hace tiempo muchas amenazas más graves para las especies en peligro: acciones perpetradas por humanos como las deforestaciones masivas intencionadas, el exterminio de variedades vegetales mediante su aniquilación química (la aplicación de productos fitosanitarios ha tenido efectos dañinos y a menudo irreversibles sobre la cadena biológica asociada: insectos-aves-carnívoros-medio ambiente), por no hablar de la emisión de gases provenientes de la sobresaturación industrial de todo tipo, incluyendo las macrogranjas (en los primeros números de la lista de explotaciones contaminantes)…

Esta lista de disparates tiene unas consecuencias perniciosas de dimensiones tan gigantescas que la depredación ejercida por los gatos podría contarse sólo como una mínima parte. Caminamos por vía directa hacia el suicidio de nuestra especie y la debacle del planeta entero, y estamos poniendo el foco en otras cosas. Mucho más allá del efecto nocivo que puedan causar los gatos sobre algunas especies amenazadas, el verdadero depredador soy yo.

De otro lado, y en aras de la conservación de la biodiversidad, ¿no sería más inteligente destinar recursos a cuidar los entornos: ¿reduciendo el efecto de las industrias, las macrogranjas, la tala de bosques, y un largo etcétera? ¿Qué efectos cuantitativos y cualitativos puede tener la erradicación de una especie como la felina en un mundo en el que suceden tantos otros fenómenos adversos?

Proteger las áreas de cría de las especies protegidas, con barreras naturales o cercados puede ser un método complementario al de la aplicación de un CER implementado. Entre hacer efectivas estas medidas de control en entornos puntuales y la propuesta de exterminio de toda población felina de nuestro país, hay un abismo.

En cualquier caso, contra la propuesta del exterminio hay una razón moral de peso: matar nunca fue ético. Y la vida de un gato no vale menos que la de cualquier otra especie.

SOLUCIONES CONSTRUCTIVAS

Por si a los detractores de los gatos no les sirve el argumento ético, quizá la muy probable impopularidad de sus propuestas pueda hacerles detenerse a reflexionar. Las redes sociales dejan entrever que hemos ensanchado el número de personas sensibilizadas en favor del bienestar animal, y también que la figura del alimentador y gestor de colonias va ganando aceptación social. Este nicho creciente de opinión pública concienciada vería con muy malos ojos una matanza indiscriminada de los gatos libres.

Quienes integramos el voluntariado en colonias felinas, habitualmente ignorados en los temas de moda mediáticos y lejos de la atención de Administraciones y ámbitos académicos, nos hemos preguntado si no habrá gato encerrado en el interés por colocar a las hasta ahora tan ignoradas colonias felinas en el punto de mira: ¿hay una inclinación velada a crear tendencias en la opinión pública? ¿existe temor a que la incipiente legislación sobre bienestar animal crezca en el futuro a la altura de nuestro nivel de civilización?

El hecho es que, independientemente de nuestras opiniones, todos los ciudadanos somos partidarios una sociedad moderna y al nivel de los retos del siglo XXI; una sociedad que siga contando con figuras solventes en los campos de la Ciencia, la Política, y el Pensamiento, pero además enfocadas a proponer soluciones constructivas y globales para las grandes amenazas que acechan a nuestro entorno.

Blanca Muñoz

Gestora de colonias felinas y voluntaria alimentadora

2022

 

CITAS

(1)  Johm D Boone, John. Better trap-neuter-retorn for free roaming cats: using models and monitoring to improve population management. Journal of feline medicine and surgery. September 2015 DOI:org/10.1177/1098612X15594995

(2) Lazenby, T, et al. Effects of low-level culling of feral cats in open populations: a case study from the forests of Southern Tasmania. WildLife Research, february 2025. DOI: org/10.1071/WR140303

(3) Patrick Foley, et al. Analysis of the impact of trap-neuter-return programs on populations of feral cats. Journal of Veterinary Medical Asociation. January 2006. DOI: 10.2460/javma.2005.227.1775

(4) Daniel D. Spehar, Peter J. Wolf. Back to school: an updated evaluation of the efectiveness of a long-term Trap-Neuter-Return program on a University’s free-roaming cat population. Animals, 2019, 9, 768. DOI: 10.3390/ani9100768

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