Estamos demasiado dentro del núcleo del covid-19 – este huracán que arrasa con nuestra cotidianidad- como para poder certificar consecuencias, secuelas, errores y responsabilidades de esta crisis, pero hay elementos positivos de los que debemos dar cuenta. El Director General de Bienestar Animal ha propiciado que, por primera vez, con el membrete del Gobierno de España se hable explícitamente de colonias felinas. Sergio García Torres horas después de la publicación del Real Decreto de Declaración Alarma de Nacional del 14 de marzo de 2020 confirmó la legitimidad de alimentar a las colonias de gatos como una de las excepciones contempladas en el artículo siete de dicho dictamen. Una semana más tarde el Ministro de Sanidad Salvador Illa firma en la disposición 3954 publicada en el Boletín Oficial del Estado la filiación existente entre mantenimiento de colonias y la salud pública.

Ha sido el modo más insospechado de ver reconocidos los derechos del binomio formado por las colonias de gatos y las personas que cuidan de ellos. Han pasado cinco años desde el primer foro parlamentario que reunió en sede parlamentaria a cientos de gateras nacionales. Fue en ese marco que se presentó el Manifiesto Felino al que se han adherido 317 municipios y entidades. Como se ha reflejado en este mismo espacio editorial, durante este lustro se suceden las luces y las sombras en materia de protección felina pero hoy toca aferrarse a la estela luminosa que muestra una cierta afirmación de la labor que desarrollan cientos, si no miles de personas en España. A falta de datos oficiales se ha recibido a través de un llamamiento en las redes la confirmación de CER en casi 300 municipios. El Estudio Sobre el Abandono de la Fundación Afinitty 2019 por fin recoge datos sobre colonias y apunta que algo más de la mitad de las entidades protectoras que colaboran habitualmente con ellos afirman cuidar de gatos comunitarios pero que los datos distan mucho de ser concluyentes.

Las colonias felinas son una realidad paralela que conocen las personas que participan en su cuidado y que inquieta a las administraciones locales que son quien tiene la responsabilidad de velar por los animales en la vía pública. Cada vez más municipios deben afrontar el conflicto entre hacer bien o mal las cosas respecto a los gatos que viven en sus calles. La opción tradicional de no hacer nada está cada vez, pero visto por la población general. Hacer mal las cosas significa capturar aquellos gatos cuyo medio natural son las calles sea para matarlos, sea para confinarlos en perreras hasta que enfermen por que no soportan ese estrés. Capturar para exterminar no es una solución porque por el efecto vacío los territorios desolados se hacen atractivos a nuevos gatos que no tardarán en multiplicarse inconvenientemente. Tratar de eliminar a los gatos de un área puede obedecer a dos lógicas: la de la obsolescencia de conocimientos al categorizarlos como plaga o la de interés oculto que puede haber en invertir regularmente dinero público en falsas soluciones. Capítulo aparte, dentro de lo criminal, merecen los ayuntamientos que tolerarían el envenenamiento de grupos de gatos o de cualquier otra especie de animal urbano.

Hacer las cosas bien en términos de eficacia, rentabilidad y también ética significa financiar y promover la aplicación de la metodología de Captura, Esterilización y Retorno también conocida como CER. Se trata facilitar junto a entidades colaboradoras la mejor vida posible a los gatos que pertenecen por nacimiento a un lugar, que mantienen un vínculo emocional con su familia que se llama colonia y que normalmente son cuidados por las llamadas alimentadoras. Proporcionar alimento es sólo una parte de las funciones de las gestoras felinas o cuidadoras. Según la definición publicada en el Glosario de FdcatsGestora o cuidadora de colonia: Persona que conoce a todos los individuos de la colonia y les provee en solitario o en equipo de la alimentación adecuada y la hidratación correcta. Fomenta y/o participa en el CER, conoce los signos de enfermedad y actúa de manera adecuada para combatirla. Reconoce a un gato casero abandonado y promociona su adopción. Un ayuntamiento responsable es aquel que acredita a las gestoras de colonia, las apoya y les proporciona los recursos adecuados para hacer su labor”.

Desde los años setenta se sabe que la mejor manera de limitar el exceso de gatos en un área es que la controlen mininos residentes, esterilizados, identificados con una marca en la oreja y bien alimentados. Las quejas que algunas personas pueden manifestar respecto a los gatos no se deben a los gatos en sí, si no a poblaciones que proliferan en exceso, que deben competir los recursos y que desarrollan comportamientos de marcaje o fuertes vocalizaciones. Las publicaciones científicas especializadas demuestran que la esterilización de al menos el 75% de los felinos de un área garantiza un éxito en el control de la colonia que persiste a lo largo del tiempo. Como no se cansa de repetir Agnés Dufau la presidenta de FdCats y autora del libro El estatuto jurídico del gato callejero en España, Francia y Reino Unido  la buena convivencia es el objetivo común al que aspiran representantes políticos, técnicos municipales, vecindarios y entidades proteccionistas. Todos queremos lo mismo, solo hace falta que los responsables de la administración incorporen conocimientos actualizados, muestren la mejor voluntad y ofrezcan herramientas de colaboración a un colectivo que en la mayoría de los contribuye de modo altruista a la consolidación del CER.

La perspectiva de una estabilidad gubernamental augura la tan deseada reforma del Código Civil que declarará como seres sintientes lo que aún hoy arrastra la rémora de ser considerado cosa. Los gatos además de estar dotados de sensibilidad por la captación del entorno a través de los sentidos hacen una elaboración y sienten emociones, por eso es tan importante cuidar de ellos. Ya lo dijo Bentham es la capacidad de sufrir lo que nos obliga a nosotros, los presuntos racionales, a respetarlos.

El aplazamiento de algunas convocatorias electorales autonómicas retrasará que los vascos se pongan al día legislativamente en materia de bienestar felino como ya lo hicieron madrileños, riojanos, gallegos, murcianos o asturianos. En Canarias hace un año se aprobó una proposición no de ley para la promoción del CER en los entornos urbanos[1]. En Andalucía alguna resolución de la Junta apunta a que su futura ley de bienestar animal estará a la altura al menos en lo que se refiere a la gestión de colonias. A falta de una ley nacional de bienestar animal que rectifique al alza los estándares de protección de los animales hay indicios de una creciente consideración teórica de los derechos de los gatos. Sean mininos de casa o callejeros, necesiten vivir dentro de una vivienda o en colonias. La gestión ética de los gatos ferales y el CER han venido para quedarse, no como el Covid-19 al que, sin duda vamos a vencer.

[1] 9L7PNL-0644 del 28 Febrero 2019.

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